Métodos para un Acercamiento con la Palabra de Dios | La Lectio Divina.

Muchos son los métodos que existen para una lectura creyente y orante de la Biblia. Los hay “científicos” y otros “libres” de tecnicismos; los hay individuales y otros comunitarios.
Entre los más conocidos se cuentan: La Lectio Divina; el método de los siete pasos (Lumko – Sudáfrica); el método de Kigali (Ruanda); los “círculos bíblicos” del carmelita Carlos Mesters (Brasil), etc.
Otros, menos conocidos, se están abriendo paso en el mundo bíblico católico como, por ejemplo, el “proyecto de exégesis intercultural” que animaba el jesuita hace poco fallecido Fritzleo Lentzen-Deis y que continúan sus discípulos.
Dos métodos daremos a conocer uno ya mencionado, el otro es nuevo; el primero, es la Lectio Divina, método apropiado preferentemente para la lectura y oración individual con la Biblia; el segundo, titulado En camino con el Señor Resucitado, lo he fundamentado en el relato de las apariciones de Cristo resucitado a sus discípulos (Lc 24), donde el pasaje central narra el camino que hace el Señor con los dos discípulos de Emaús; el método es apropiado para la lectura y oración comunitarias con la Biblia.
2)- La Lectio divina
La Lectio divina es un método de lectura orante de la palabra de Dios, que nos propone la Iglesia, para familiarizarse cordialmente con Dios y «conocer su corazón a través de las palabras del mismo Dios» (Gregorio Magno). Como conduce al encuentro con Jesús (discipulado) y al testimonio de Jesús (misión) debería ser uno de los instrumentos habituales de la pastoral ordinaria (cfr. Juan Pablo II, Ecclesia in America, 8 y 12).
El encuentro con Jesucristo vivo mediante la Lectio Divina se funda en la naturaleza de la Biblia y en su función en la vida de la Iglesia. De aquí derivan los cuatro clásicos pasos de la Lectio divina que se describen a continuación:
a- La Lectura:
Este primer momento consiste en la lectura atenta y repetida del texto procurando dar respuesta a la pregunta básica “¿qué quiso decir el autor sagrado?”. Se trata de una mirada atenta al texto inspirado para des-velarlo como Palabra de Dios consignada en lenguaje humano (cfr. Dei Verbum, 12). Esta mirada nos abre a la verdad salvífica de la Palabra de Dios (cfr. Dei Verbum, 6).
Es ahora cuando se ejercitan los principios de interpretación referidos a la Biblia como “palabra escrita”, aquí descubrimos esencialmente: “¿qué dice el texto?”.
b- La Meditación:
El segundo momento consiste en la meditación del texto escogido. Que la Palabra ilumine motivaciones y acciones, que discierna mi quehacer a la luz del mensaje de Dios: ¡dejo a Dios “ser Padre”! Se requiere valentía, sobre todo cuando la realidad es dolorosa. La obra es del Espíritu quien fecunda nuestras facultades espirituales para buscar caminos reales de conversión. Urge amar mucho a Jesús para vivir en fidelidad creciente.
Se ponen en práctica los principios de interpretación referidos a la Biblia como palabra “de Dios”. Sumergidos en el Espíritu de Dios, se leen otros textos que permitan aclarar el contenido del texto principal como mensaje interpelante “para mí”, es decir, en confrontación con “mi” existencia y “mi” situación actual.
La pregunta que guía este momento es: “¿qué me dice el texto?”. Se trata, pues, de reflexionar sobre aquello que el texto contiene y que “me interpela”, sobre los juicios de valor -implícitos o explícitos- de los personajes, sobre sus palabra o acciones que sacan a la luz mis debilidades y faltas, sobre aquello que crea en mí ilusiones o desesperanzas.
c- La Oración:
Una vez que he descubierto “lo que dice Dios” por el autor sagrado (leer) y “lo que me dice” el mensaje conforme sea mi situación concreta, personal o familiar (meditar), el mensaje bíblico se hace oración. La finalidad es dialogar con Jesús, para impregnarse de sus mismos sentimientos (Fil 2,5). Que se cumpla lo de San Ambrosio: «A él hablamos cuando oramos; a él oímos cuando leemos su Palabra».
Orar la Sagrada Escritura es “involucrarse cordialmente” (con el corazón) en la historia de la salvación, “sumergiéndose” en las palabras y acciones de sus protagonistas para -como hijo- «ocuparme de los asuntos de mi Padre» (Lc 2,49). Orar es dejarse llevar por el clamor de los personajes bíblicos ante el sufrimiento y la opresión, o el arrepentimiento y la conversión ante el pecado cometido, o por sentimientos de agradecimiento por los bienes recibidos, o de alabanza por la intervención favorable de Dios. Por tanto, partiendo del texto y con sus palabras y expresiones, me identifico con sus personajes y acciones, dialogo y converso con Dios, le presento mis necesidades y anhelos personales y familiares, le doy gracias y me dispongo a escucharlo.
Para orar es necesario dejarse llevar por el Espíritu, y si en la Meditación el texto bíblico lo confronté con la vida, ahora, en la Oración es la vida que, a la luz del texto meditado, la presento a Dios. Aquí entra en acción el “¿qué le digo a Dios por lo que me dijo en el texto?”.
d- La Contemplación:
Contemplar a Jesús -que «no es un privilegio de unos cuantos en la Iglesia» (Juan Pablo II, Ecclesia in America, 29)- es dejarme mirar por él (cfr. Mc 10,21), disponiéndome para que me arrebate hasta él de tal forma que el Señor, aceptado por «la obediencia de fe» (Rm 16,26),transforme mi vida. Entonces, su Palabra discierne mis pecados y mis yerros y me integra, iluminado y transformado, al quehacer personal y social. El creyente que contempla el Rostro del Nazareno descubre su propio misterio. La pregunta que inspira este último paso de la Lectio es “¿a qué conversión y acciones me invita la mirada cordial del Señor sobre mí?”.
La auténtica contemplación se valida por la transformación de la vida y los esfuerzos por hacer una sociedad más justa: «La contemplación no sólo medita el mensaje, sino que también lo realiza; no sólo oye, sino que lo pone en práctica. No separa los dos aspectos: dice y hace, enseña y anima, es luz y fuerza». La auténtica contemplación impulsa la dimensión misionera del Cristiano
e- La Acción
Aquí agregaremos un quinto paso que algunos autores mencionan, “la actio” o aquello a lo que somos llamados a “hacer”, después de haber contemplado al Señor.
En resumen, el siguiente cuadro propone los pasos y las preguntas que guían cada momento de la Lectio divina:
| La Sagrada Escritura es… | |||
| Palabra escrita de Dios | por inspiración del Espíritu Santo | confiada a la Iglesia para la salvación | |
| Leer | Meditar | Orar | Contemplar |
| ¿Qué dice el texto bíblico? | ¿Qué me dice el Señor por su Palabra? | ¿Qué le digo al Señor movido por su Palabra? | ¿A qué conversión y acciones me invita el Señor? |
| Interpretar la Palabra… para descubrir lo que Dios nos enseña por el autor inspirado. | Actualizar la Palabra… para interpelar la vida, dialogar con Dios y celebrar nuestra fe en familia o comunidad. | Actuar la Palabra… para conducir la vida (actuar) según Dios (conversión) y dar testimonio. | |
| ASÍ… | |||
| El mensaje de Dios… | interpela mi vida… | suscita la oración… | me lleva a la conversión y a la acción |
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