“¡DUC IN ALTUM! (Remar mar adentro) Estas palabras resuenan también hoy para nosotros y nos invitan a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro: <<Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre>> (Hb 13,8)” (NMI 1). Hermanos… Oremos sin Cesar.
El Santo Padre Juan Pablo II, el 6 de enero del 2001, entrega a la Iglesia la Carta Apostólica “NOVO MILLENNIO INEUNTE”, (AL INICIO DEL NUEVO MILENIO), entre otras exhortaciones nos recordaba nuestra “vocación universal a la santidad” (LG Cap V), no como prerrogativa para unos cuantos, sino para cada uno de nosotros, bautizados,<<todos los cristianos, de cualquier clase, o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección en el amor>> (LG 40) y fundamentada en la palabra de Dios: “esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Tes 4,3).
El camino a la santidad es una opción llena de altibajos. Debemos estar convencidos de que el mundo, hoy en extremo secularizado, nos exige una radical decisión y no contentarnos con una vida cristiana mediocre, fundamentada en una religiosidad superficial. Si el mundo de ahora es descaradamente pecador, nosotros debemos buscar ser descaradamente santos.
“Es preciso ahora aprovechar el tesoro de gracia recibida, traduciéndola en fervientes propósitos y en líneas de acción concretas” (NMI 3)
Este es un momento privilegiado, nos lo ha dicho el Santo Padre, debemos mirar hacia delante, debe resonar en nosotros “DUC IN ALTUM”, remar mar adentro, confiando en la palabra de Cristo. Estamos llamados, como dije anteriormente, a vivir un cristianismo vivo, dinámico, empujándonos a emplear todas nuestras fuerzas y conocimientos en iniciativas concretas (trabajo apostólico y secular).
Pero estas iniciativas (trabajo apostólico y secular) que nos propongamos deben estar fundadas en la Contemplación y la Oración, so pena de correr el riesgo de desgastarnos, ser un mero activismo con un riesgo fácil de “hacer por hacer”, Jesús nos lo dice claramente “Yo soy la vid y ustedes las ramas. El que permanece en mi y Yo en el, ese da mucho fruto, pero sin mi no pueden hacer nada” (Jn 15,5).
Al respecto el Santo Padre nos delinea una “pedagogía para la santidad” que consta de varios pasos concretos: La Oración personal y comunitaria, la participación “activa” en la Eucaristía Dominical, la practica del Sacramento de la Reconciliación y la escucha y el anuncio de la Palabra de Dios.
LA ORACIÓN

“Para esta pedagogía de la Santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la Oración” (NMI 32). El santo Padre reconoce que no es posible dar por supuesto que sabemos orar, por lo que es preciso que aprendamos a hacerlo.
Para poder hacerlo descubramos primero un poco que es la oración:
El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que la Oración es: La relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero (CEC 2558)
Santa Teresa del Niño Jesús nos dice respecto a la oración: “Para mi, la oración es un impulso del Corazón, una sencilla mirada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor, tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”.(Autobiografía)
Partiendo de estos conceptos, debemos entender la oración como: un dialogo entre Dios y su criatura, un dialogo entre dos amigos, así de sencillo, algo descomplicado, es decir no debiera costarnos mucho hacerlo, pero como no estamos acostumbrados a ello, todo nos parece dificil.
Dios siendo un Padre amoroso, quiere mantener un dialogo constante con nosotros. No desea, ni mucho menos, entonar un monologo. Dios ha hablado siempre, pero también quiere oírnos a nosotros, sus hijos.
¿Conversar con Dios?, se dirán algunos. ¿Acaso no esta muy lejano?, ¿Cómo puedo conversar con alguien que no conozco ni veo?.
Un requisito muy importante para este dialogo es que nos acerquemos a Dios por la fe y el amor. Y digo “nos acerquemos”, porque Dios esta muy cerca de nosotros, pero muchas veces, nuestra poca fe lo considera muy lejano.
Aquí es donde experimentamos la necesidad de pedir la acción del Espíritu Santo en nosotros, para poder disfrutar de la experiencia de Dios. “El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Ron 8,16). “Habéis recibido el espíritu de adopción en le cual gritamos: Abba, Padre” (Rom 8,15).
Cuando recibimos ese don del Espíritu y llenos de alegría descubrimos la paternidad de Dios y gritamos jubilosos: “Dios es mi Padre”, entonces el dialogo con El, no solamente es posible, sino necesario.
Donde hay amor, aparece el dialogo amoroso, la oración, como una consecuencia necesaria.
Cuando orar?
“Si queridos hermanos y hermanas, nuestras comunidades cristianas, tienen que llegar a ser autenticas “escuelas de oración” (NMI 33)
Son muchos los que oran solo cuando tienen un problema y dificultades, pero no debemos limitar esta relación de amor solo a esos momentos, sino vivirla en todo momento, sea bueno o no tan bueno.
Así como el dialogo amoroso humano es una consecuencia necesaria del amor y un requisito para alimentarlo, así nuestra conversación con Dios brotará del corazón cuando lo amamos y durará mientras le amemos. Por eso quien ama al Señor ora siempre y en todo lugar y nunca descasa de orar.
¿Podrá orar una ama de casa cuando esta haciendo sus labores domesticas?, ¿Cuándo esta cocinando?, ¿Un empleado, en su oficina, o al atender a la gente?, ¿Un campesino al trabajar la tierra?, un estudiante cuando va rumbo a la escuela?. Claro que si. Debemos orar siempre, y no desfallecer. La única oración inútil es la que no se hace.
Como orar?
Pueden existir muchas formas de hacerlo, pero intentaremos dar algunos tips, en base a nuestra experiencia en el Movimiento de la Renovación Carismática, esto no es una guía, la guía principal será el Espíritu Santo, por lo que será necesario pedir su asistencia y efusión en nuestra vida, con esa oración de la misma Iglesia “VEN ESPIRITU SANTO”.
- Una manera fácil de hallar a Dios a lo largo de día, es iniciar la oración, con los “rezos” que desde niños hemos aprendido, oraciones que emplea la iglesia. Pero no se trata de simplemente “rezarlas”, repetirlas rápidamente, sino detenerse en cada frase, tanto tiempo como se encuentre gusto en ella, antes de seguir adelante, es decir entender lo que cada frase o palabra nos quiere decir y nos hace decirle a Dios. Por ejemplo: Padre… nuestro… o bien: Dios te salve… Maria… llena eres de gracia… etc., y de ahí brotarán como de un manantial palabras nuestras para Dios.
- Podemos usar cualquier texto de las sagradas escrituras, especialmente los evangelios, las oraciones que aparecen en la Biblia, concretamente los salmos, que constituyen el fondo mismo de las oraciones de nuestra iglesia. Con la misma dinámica anterior.
- Podemos ocupar así mismo, algún himno eucarístico, las antífonas de la virgen, las oraciones de los santos y alguna lectura piadosa que nos conduzca a la presencia de Dios. Siempre con la dinámica anterior o como nos vaya conduciendo el Espíritu Santo.
- También es muy importante, buscar la inserción y pertenencia en algún grupo o comunidad en la que pueda participar de la oración de forma comunitaria. “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, estoy Yo en medio de ellos” (Mt 18.20) (Cfr. Ech 2,42)
La experiencia nos ha enseñado que a nadar se aprende aventándonos al agua y en este caso, igualmente, a orar aprenderemos, orando, aventándonos con fe a esos ríos de agua viva, en las manos amorosas de nuestro Padre.
Si tú quieres experimentar ese amor de Dios en tu vida, a través de la oración, no hay por que esperar mas, Jesús dio su vida por ti, para librarnos del castigo que nos merecíamos por nuestros pecados, solo te pide que lo aceptes como tu Señor y Salvador y El te dará la fuerza de su Espíritu Santo.
Solamente dile:
Querido Jesús, te ruego que entres a mi vida
Te ruego que perdones todos mis pecados,
Quiero aceptarte como el Señor y Salvador de mi vida,
Renueva en mí las gracias de mi bautismo,
Por el poder y gracia de Tu Espíritu Santo,
Y enséñame a amar a los demás con tu amor.
Amen.
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