1 Tes. 5, 23 “El Dios de la paz los santifique completamente; los conserve íntegros en espíritu, alma y cuerpo, e irreprochables para cuando venga nuestro Señor Jesucristo

Son las palabras finales que el apóstol Pablo dirige a la comunidad cristiana de Tesalónica, y es la única ocasión que aparece en las cartas esta descripción del ser humano completo; la mención del cuerpo en esta cita, es quizá, intencional, como haciendo notar que el cuerpo debe ser también santificado y no considerado como algo despreciable y secundario.

Partiendo de este punto concreto, surgen varias cuestiones en las que de pronto no damos la atención debida, por ejemplo, en alguna ocasión alguien nos ha preguntado ¿Quién eres? Y en automático respondemos: soy fulano de tal, o decimos soy el hijo de…, el esposo/a de… pero ¿cuántas veces nos hemos preguntado conscientemente, ¿quién soy? y si nos hemos hecho esa pregunta ¿qué nos hemos respondido?

Lo que sí se puede decir con certeza es que tienes un nombre, pero tu nombre no te define como persona, el ser hijo de, padre de, esposo/a de… tampoco te define como persona y surgen entonces otras interrogantes ¿qué es lo que hace a la persona humana, ser persona humana? ¿porqué pablo hace mención al espíritu, alma y cuerpo? ¿será que sólo soy cuerpo? ¿qué es el alma y qué es el espíritu? ¿qué sucede cuando se considera que la persona sólo es alma/espíritu y cuerpo no es importante (y viceversa)?

Afirmar que una persona es un ser multidimensional, significa que no somos sólo un cuerpo físico; en su obra “Explícame a la persona”, Ramón Lucas Lucas propone una antropología integral que reconoce a la persona como un ser con cuerpo, afectivo, racional, social y espiritual.

Desde esta mirada, cada dimensión influye de forma recíproca en las demás, por lo que el bienestar integral y auténtico sólo puede ser alcanzado cuando se atiende a la totalidad de la persona.

Dimensiones de la persona

Veamos ahora las dimensiones que conforman integralmente a la persona, desde tres puntos de vista, primero la visión del teólogo Ramón Lucas, segundo la perspectiva de las teorías psicológicas y tercero la visión de la Iglesia católica.

Dimensión física: El cuerpo no es un simple instrumento, sino una parte fundamental de la identidad personal.

Lucas señala que el cuidado corporal, a través de hábitos saludables, alimentación adecuada y ejercicio, es una responsabilidad ética y personal.

Desde la psicología de la salud, esta afirmación concuerda con los enfoques biopsicosociales, que reconocen el impacto directo del estado físico en el equilibrio emocional y mental.

Y la antropología cristiana confirma esta visión, al afirmar que el cuerpo participa de la dignidad de la imagen de Dios y está llamado a la resurrección, lo que refuerza la necesidad de un cuidado integral y respetuoso.

Dimensión emocional: Las emociones forman parte esencial de la experiencia humana.

Lucas destaca la importancia de reconocerlas, expresarlas y regularlas de manera sana.

Desde la psicología clínica actual, específicamente los modelos de regulación emocional, se reconoce que una adecuada gestión emocional favorece la resiliencia, la empatía y la salud mental.

En el aspecto cristiano, la educación emocional se relaciona con los frutos del Espíritu (Gal. 5, 22) permitiendo que la persona viva sus afectos de forma ordenada y orientada a su propio bien y al de los que la rodean.

Dimensión mental: Esta dimensión se manifiesta en la capacidad de razonar, reflexionar, discernir y tomar decisiones libres.

Lucas recalca la importancia del desarrollo del pensamiento crítico y la conciencia reflexiva como medios para el crecimiento personal.

La psicología cognitiva y humanista respaldan esta postura al indicar que la reevaluación consciente de la experiencia, facilita los procesos de cambio y maduración personal.

Desde la fe católica, esta capacidad racional se comprende como un don que permite al ser humano cooperar libremente con la gracia, discerniendo su proyecto de vida a la luz de la verdad.

Dimensión social: El ser humano es esencialmente relacional.

Lucas señala que la identidad personal se construye en el encuentro con los otros, mediante vínculos basados en el respeto, la comunicación y el apoyo mutuo.

La psicología sistémica y relacional coincide al afirmar que el bienestar individual está profundamente ligado a la calidad de las relaciones familiares y comunitarias.

Esta dimensión encuentra un fuerte respaldo en el Magisterio de la Iglesia, que afirma que la persona se realiza plenamente en la comunión y la solidaridad, y no en el aislamiento.

Dimensión espiritual: La dimensión espiritual responde a la búsqueda de sentido, trascendencia y propósito.

Lucas reconoce que esta dimensión atraviesa todas las demás y orienta la vida hacia un significado final.

Desde la psicología existencial y la logoterapia, se reconoce que el sentido de la vida es un factor protector frente al sufrimiento psíquico.

En la antropología cristiana, esta dimensión se orienta precisamente a la relación con Dios, quien es la fuente última de sentido y plenitud.

La dignidad de la persona humana

El Concilio Vaticano II, en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, especialmente en su número 16, reafirma que la dignidad humana es el centro de la acción pastoral y social de la Iglesia.

Este documento reconoce los desafíos que amenazan dicha dignidad (como la injusticia, la pobreza y la violencia) e invita a una respuesta comprometida y solidaria.

Esta enseñanza se une con la práctica de la terapéutica, al colocar a la persona como individuo activo de su proceso de crecimiento, nunca como un objeto de intervención, respetando su conciencia, libertad, voluntad y responsabilidad.

La persona creada a imagen de Dios

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 367, enseña que el ser humano ha sido creado como unidad de cuerpo y alma, a imagen de Dios.

La diferencia sexual (hombre y mujer) no limita esta imagen, sino que la expresa en una complementariedad que refleja la comunión divina.

Esta visión es profundizada por San Juan Pablo II en la Teología del Cuerpo, donde desarrolla una antropología del cuerpo que integra sexualidad, afectividad y vocación al amor, ofreciendo un fundamento teológico de gran valor.

Mtra. Psic. Olga Margarita Rivera O.


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