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INICIO DE UN CAMINAR.

La formación, para la Renovación Carismática, es una de las grandes tareas, que el Santo padre Juan Pablo II, nos encomendó.

El papa nos decía a la renovación el 24 de marzo de 2002, que es muy importante llegar a una madurez eclesial, y para conseguir esa madurez eclesial, es necesario un proceso solido de formación permanente.

En la Renovación de repente nos ha costado trabajo emprender este camino, sin embargo, no podemos dar marcha atrás en lo que el Espíritu Santo ya ha iniciado en nuestras vidas; desde que tomamos el “Curso de Vida en el Espíritu”, o “Curso de iniciación”, o “Evangelización Fundamental, o “Kerygma”, el Espíritu Santo nos ha trazado un camino a seguir, y en ese camino, no podemos dar marcha atrás.

Hemos tenido la experiencia del encuentro personal con el Dios vivo, nos hemos encontrado con un Padre amoroso, que no se ha cansado de gritarnos cuanto nos ama.

Como por ejemplo en el libro del profeta Isaías, capitulo 54, versículo 10, que nos dice el Señor “Los montes se correrán y las colinas se moverán, más mi amor de tu lado, no se apartar jamás”.

Y nosotros hemos conocido el amor de Dios, pero no solamente el amor que Dios como Padre nos tiene, también hemos descubierto hasta dónde puede llegar la grandeza del amor de Dios, que nos ha entregado a su hijo unigénito, a Jesucristo el Señor  (Jn 3,16).

Esas palabras que están en el Evangelio según San Juan capítulo 3. Versículo 16, a lo largo de los más de 50 años, y podemos decir: 50 años, ya está viejo, ¿verdad?, y podemos también decir: no es cierto, 50 años está en la flor de la juventud.

La renovación tiene un poco más de 50 años, y, creo que, todavía está como en pañales, ¿verdad?, apenas están naciendo en algunas diócesis,  en otras Diócesis, como la nuestra, Chilpancingo-Chilapa, ya lleva todo un proceso, todo un caminar de 50 años, toda una historia.

Por eso cuando compartimos el curso “Que es la Renovación”, nos llena de tanta alegría descubrir, como nació la Renovación, como llego la Renovación a una Diócesis, como llego a una parroquia, y casi siempre, empieza, como alguna de las parábolas de Jesús, cuando hablaba del Reino de los Cielos.

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LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA, COMO UNA SEMILLA DE MOSTAZA.

En el Evangelio Según San Mateo, en el capítulo 13, cuando habla de las parábolas del Reino de los Cielos, hay una que sobresale, “el Grano de Mostaza”, en la que nos dice que siendo las más pequeña de las semillas, cae en tierra y de manera misteriosa empieza a crecer, de tal manera va creciendo y va creciendo, hasta que se hace un gran árbol, robusto, grande y firme que extiende sus ramas, y en ellas, hasta las aves del cielo ponen sus nidos.

La Renovación ha ido creciendo a lo largo de estos, más de 50 años, nosotros tenemos el gran deber, y el hermoso compromiso de gritarle a Dios sus alabanzas y sus maravillas, porque a lo largo de este tiempo hemos visto, que esta pequeña semilla ha ido creciendo, ha extendido sus ramas, y está, ahora, en más de 140 países en el mundo, y más de 100 millones de católicos han tenido la Experiencia del Bautismo en el Espíritu, que es la experiencia fundamental en la Renovación Carismática.

No estamos solos, hay otros 100 millones contigo, que cada día elevan su oración al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y se dejan mover y conducir, y diría también, y seducir, por el Espíritu de Dios, y como que vuelven a redescubrir lo que ya desde el sacramento del bautismo recibieron y con el sacramento de la Confirmación tenían, porque la experiencia del Bautismo en el Espíritu, primeramente es una renovación, y un redescubrir las gracias sacramentales, lo que yo, ya sabía que tenía, pero me lo tenía guardado, aquella fragancia hermosa, el dulce aroma, el rico y delicioso aroma de Dios, estaba guardado en una botella, con tapón, y no quería o no lo dejábamos salir, pero un día, Dios la agito, le quitó el tapón, y entonces empezó a fluir esa dulce fragancia del Espíritu en nuestras vidas.

A través de estas comparaciones, podemos ir descubriendo que la Renovación Carismática, en palabras del Papa Pablo VI, decía que la Renovación Carismática, “es una gracia para la Iglesia”, y así mismo lo decía el Papa San Juan Pablo II, “la Renovación Carismática es una enorme bendición para la Iglesia”, pero, siempre con el enorme compromiso de “renovarla”.

La renovación fue suscitada por el Espíritu Santo, pero el encargado de que esa fragancia siga fluyendo, de que el río de agua viva no se desborde, sino tome el cauce correcto, somos nosotros, seres humanos, frágiles, débiles, pecadores, limitados. Por eso a veces en la Renovación andamos de la greña unos con otros, porque no llegamos a ponernos de acuerdo, pero el Espíritu Santo no se detiene, el Espíritu Santo sigue fluyendo, porque es la promesa del Padre, de quien tanto nos habló Jesús.

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