2)- La Palabra de Dios es Inspirada por el Espíritu Santo
La palabra engañosa que cambia o desfigura el propio mundo interior crea una falsa comunicación, porque al inventar caretas y manifestar irrealidades, se hace imposible la comunión de las personas, pues una de ellas -o ambas- se “enmascara”, por tanto, la entrega, la confianza y el afecto recíproco son impracticables.
Esta experiencia de engaño y soledad, por desgracia común entre los hombres, jamás se da en Dios, pues nunca su palabra es mentirosa e hipócrita, sino veraz y sincera; nunca Dios se encierra en sí mismo, sino que se dona por su Hijo y nos ofrece sus bienes.
El testimonio bíblico respecto a las características de la “palabra de Dios” es abundante y diáfano.
A continuación, señalamos solamente tres notas: por ser DE DIOS, su palabra…
• Es viva y eficaz como agua que cae en la tierra y la hace germinar (Is 55,10-11).
• Es «más cortante que una espada de dos filos» que penetra hasta lo más profundo del ser (Heb 4,12-13) ayudando al creyente a discernir sus pensamientos y las intenciones de su corazón.
• Es siempre veraz, porque contiene promesas que se cumplen, ofrece un consuelo que alivia y sus reprimendas y consejos interpelan y exigen cambios radicales (1 Cor 10,11; 1 Tes 2,13; 2 Tim 3,14-17).
Por tanto, por medio de la Biblia inspirada por Dios, se ofrece al creyente una palabra operante y eficaz, sincera y veraz: ¡la misma Palabra del Señor por la que se puede conocer el auténtico Rostro de Dios y experimentar su sabiduría y poder que transforman!
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La Biblia Inspirada por el Espíritu Santo
Como se Interpreta la Sagrada Escritura
3) Y confiada a la Iglesia para salvación de todos

San Agustín (siglo IV) enseñaba que los que no tengan el libro de la Biblia, siempre tendrán el libro de la vida, escrita también por Dios. Efectivamente, vida y Biblia nacen de Dios, y ambas testimonian el paso y la presencia de Dios que creó la vida e inspiró la Escritura. Cuando el creyente adquiere sensibilidad ante la presencia de Dios gracias a sus experiencias de fe, la vida lo ayuda a comprender la Biblia y la Biblia le empieza a hablar de la vida. El creyente, entonces, descubre que la Palabra de Dios es “para la vida”, “para hoy” y “para él”, y no una palabra antigua y vieja, como el papiro que la contiene, sino actual y permanente, por ser “de Dios”. Por tanto, la lectura íntegra de la Biblia sólo se da cuando es a la vez lectura de la vida, y la lectura creyente de la vida sólo es posible cuando se contrasta con la Palabra de Dios consignada en la Sagrada Escritura y se amplía el horizonte de la fe.
Al respecto un autor moderno escribe: «La Biblia contiene la experiencia de Dios que tuvieron nuestros antepasados en la fe; una experiencia que tiene como centro a Jesús. Esta experiencia de Dios (…) es lo que constituye el centro de la Escritura y lo que hace que los creyentes de todas la épocas -también de la nuestra- encuentren en ella una clave para contrastar y ampliar el horizonte de su propia experiencia de fe».
La Biblia, pues, es un libro que no pasa de moda, es siempre novedoso y actual, porque es Palabra de Dios para nuestra salvación y Dios es salvador siempre atrayente y cautivante, no se agota ni se repite, es noticia permanente y fresca para el cristiano, la Iglesia y la sociedad de hoy.
La Sagrada Escritura es para todos; no fue escrita sólo para los contemporáneos de Jesús o sólo para unos pocos privilegiados, los de mucha fe o de mucha ciencia, sino para todos los que anhelan encontrar la vida y la paz y buscan la comunión con Dios en diálogo con él, porque Dios por la Escritura “sale de sí”, se “ex-pone” y se “pro-pone” (= poner delante) como sentido último y pleno del hombre y de su historia.
La próxima semana aprenderemos a grandes rasgos como interpretar la Biblia.
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