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FIELES TESTIGOS DEL ESPIRITU SANTO

Por eso quiero recordar con ustedes, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo 1, en este versículo ustedes lo han leído muchas veces, Jesús resucitado, le dice a los discípulos: “mientras estaban comiendo con ellos, Jesús les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardaran la promesa del Padre, dice Jesús, que oyeron de mí, que Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días”. Luego dice el versículo 8, “recibirán la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra”.

Primero la promesa, y para eso Jesús les dice: “no se vayan de Jerusalén”, y es que Jerusalén tiene un significado muy importante, es el centro del mundo en este momento, y no porque esté exactamente en el meridiano y en el paralelo, no, sino porque es el centro de donde está partiendo la salvación a todas las naciones, y por eso Jesús les dice, no se vayan de aquí, porque el plan de Dios estaba que comenzara desde ahí, y por eso ellos reunidos en la estancia superior, en el cenáculo, junto con María, la Santísima Virgen, permanecían en oración y en comunión, y eso es algo muy importante, porque esperaban que se cumpliera la promesa, y la promesa era, “van a ser bautizados en el Espíritu Santo”.

¿Ustedes ya fueron bautizados en el Espíritu Santo?. Porque ahora viene la segunda parte, dice Jesús: “serán llenos del Espíritu para que sean mis testigos”.

Esa es la otra parte, la que a veces nos incomoda, para la que siempre tenemos pretexto, ¡es que hoy no tengo tiempo!, A ver Señor, déjenme sacar mi agenda, a ver si puedo el mes que viene.

La segunda parte, de ser lleno del Espíritu, es que el Espíritu Santo, te toma para ser testigo de Jesús resucitado. Es que el Espíritu Santo realmente mueve, convierte, convence a la persona para que viva y actúe de manera diferente. A esta manera diferente se le llama dar testimonio de vida. El Espíritu Santo está trabajando las extras para hacer de cada uno de nosotros un santo.

Pero la parte que a nosotros nos corresponde, a veces es tan frágil, que cuando abrimos la ventana de nuestra realidad y nos asomamos al mundo, ¿qué es lo que encontramos? Problemas, y más problemas, ¿o no?, Pecado, violencia, ¿qué más? Divisiones…

Pero ciertamente, el hombre de hoy,  el hombre y la mujer del tercer milenio, el hombre y mujer del siglo XXI, de lo que menos se preocupa, es de su trascendencia, de lo que menos se ocupa, es de su misma salvación.

El hombre de hoy está preocupado por obtener dinero, por tener cosas materiales, y cuando no las tiene, entonces se siente fracasado. Es alarmante cómo en algunos lugares los suicidios han aumentado de manera terrible. Los divorcios, las separaciones, cada vez van en más aumento.

Las desviaciones sexuales, donde muchas veces, buscan las aprobaciones de uniones que no son sanas. Pero busca la aprobación porque dice que tiene derechos. Y si le unimos a todo ello, el narcotráfico, la inseguridad, la violencia, los asaltos, los robos, los asesinatos de sacerdotes y laicos, etc. ¿Y cuáles otras cosas más? Ya parece el discurso de político, ¿verdad? Pero es una enorme realidad.

El hombre de hoy se ha olvidado de donde viene y a donde va, no se encuentra a sí mismo, ha perdido su propia identidad y muchas veces hasta sacrifica su dignidad de hijo de Dios, de hijo del Padre, por un plato de lentejas, por ocupar un puesto en tal o cual lugar o porque lo vean con tal o cual personaje para sentirse importante.

El hombre de hoy es confundido por muchas doctrinas, por muchas teorías, por muchas ideologías.

¿Se acuerdan ustedes del código DaVinci? Una película y libro que salió a principios de los años 2000, en el que se contaban muchas mentiras como si fueran verdades de nuestra fe, y muchos llegaron a decir: “miren todo lo que nos ha ocultado la iglesia, la iglesia nos ha engañado durante mucho tiempo”, porque para el hombre de hoy, le es más fácil creer una mentira, que creer en la verdad.

Y ¿Qué paso con eso?. El único que se enriqueció con ello, fue el autor de la novela y la película, llenó su bolsa de billetes y dijo: “yo sí creo en el código DaVinci”,con cien millones en la bolsa quien no.. . Y también supieron, por supuesto, del supuesto evangelio de Judas Iscariote, que ni es evangelio, ni fue escrito por Judas iscariote, pero la gente se deja llevar por cualquier doctrina y por cualquier pensamiento emocionalista.

Y eso a veces también ocurre a nivel de la Renovación Carismática, que algún predicador o algún padrecito, que “tiene un poder bárbaro”, y ahí van todos los hermanos, porque les gusta lo extraordinario.

La búsqueda excesiva de lo extraordinario, de lo espectacular, por el simple hecho de ir, de ver o de obtener, también lo aleja de Dios, y convierte a esas personas en ídolos. Y muchas veces en ídolos falsos.

Ciertamente el ser humano de hoy tiene necesidad de un líder. De un liderazgo auténtico y genuino. Y como no lo encuentra, a cualquiera que grita se le acerca.