Vamos a empezar a partir de este momento, la serie de enseñanzas sobre lo que hemos denominado la fe y razón.
Y le hemos llamado asi, porque se trata de poner en práctica dos elementos esenciales para poder también ayudar en la formación de otros o al menos tener bases sólidas sobre las que podamos defender nuestra fe.
Por un lado la fe, que tiene que ser discernida, y por otro lado, la razón, que no es antagónica a la fe, no es opuesta.
Las dos son dones de Dios. Dios nos da la fe como don, en la Carta a los Efesios, cuando San Pablo les está hablando a ellos sobre la fe, les dice que es un don que Dios les ha concedido, que no es algo que ellos han conseguido por méritos propios, sino que Dios se los dio por gracia.
Y Gracia entendemos también desde el punto de vista teológico que es la misma presencia de Dios en la vida de la persona, es Dios que se acerca para tocarnos, o para tomarlo así de una manera más figurativa y más sensible todavía, es Dios que se acerca para besarnos.
Por eso, en una de las constituciones dogmáticas de la Iglesia, de las más relevantes en cuanto a estos temas teológicos, que es la Dei Verbum, en el número 2 al número 6, los santos padres nos recordaban que es en la Escritura, en el texto sagrado, en la revelación, donde Dios sale al encuentro del hombre para conversar con él.
Pero subrayaban ellos, que Dios sale de una manera amistosa, de una manera cariñosa, por eso, no podemos nosotros hacer a un lado u omitir lo que muchas veces de manera sensible nos conduce, y no me refiero a los sentimientos y emociones, así como que fuera de lugar, sino me refiero a esa sensibilidad provocada por la fe, a ese sentido que el mismo Espíritu Santo le da a nuestro corazón para reconocer en la obra de Dios, esa presencia siempre misteriosa y difícil de conceptualizar, que es la presencia de Dios.

Hablar de fe y de razón, en un artículo, siempre va a ser complicado por el tiempo y el espacio.
A lo mejor todo el articulo lo hubiésemos dedicado a esa carta encíclica que el Papa Juan Pablo II nos entregó el 14 de septiembre de 1998, Fe y Razón.
Pero vamos a poner en este primer momento, en este momento introductorio, como que las bases del estudio de cualesquiera de los documentos del Magisterio de la Iglesia.
El Magisterio de la Iglesia…
Para esto hay que recordar que el Magisterio de la Iglesia es el encargado tanto de conducir, en el discernimiento de la interpretación de la Palabra de Dios, unido por supuesto a la santa tradición o a la tradición de la Iglesia, asi como de irnos dando las pautas, de acuerdo al momento actual a toda la Iglesia, las pautas a seguir para vivir la vida en el espíritu.
Por eso la voz del Magisterio, principalmente a través de los Papas.
El Magisterio por ejemplo del Papa Juan Pablo II, sus cartas encíclicas, sus cartas apostólicas, sus exhortaciones, cada uno de esos documentos son de un valor incalculable para nosotros como católicos.
Y es importante que cuando hablamos de la fe, cuando damos formación, nos estemos refiriendo a esos documentos.
Si, tal vez nos cuesta mucho trabajo el poderlos memorizar o inclusive la referencia al documento, pero si, al menos el contenido del documento.
Que nuestras palabras, que nuestras frases lleven mucho del Magisterio de la Iglesia, porque eso es lo que le da calidad a la información que estamos dando., desde cursos muy sencillos como ¿Qué es la iglesia o los dones y carismas?.
Pero no lo podemos explicar desde el diccionario común o desde los puntos de vista filosóficos de las corrientes que existen ahora, porque seguramente algunas están profundamente desviadas.
Tenemos que recurrir a una fuente inequívoca, por supuesto, el Magisterio de la Iglesia y la Tradición.
Estructura Básica en el Magisterio
En este primer momento hablaremos básicamente de tres, pero no estudiaremos en sí los documentos en su totalidad, estudiaremos tres esquemas que tienen mucha coincidencia y que además son de mucho valor.
El primero de ellos es el esquema de la carta encíclica Fe y Razon.
El segundo será el del catecismo de la Iglesia Católica y
El tercero será de la primera carta encíclica del Papa Benedicto XVI, que es “Dios es Amor”.
Con estos tres documentos, lo que tratamos no es de ver las similitudes entre unos y otros, sino de descubrir las fuentes a las que recurre el Magisterio para estar elaborando cada uno de los documentos.
Y bueno, a lo mejor podríamos adelantar ya diciendo que la fuente de la que brota toda la sabiduría del Magisterio es Dios. La fuente de la que brota la sabiduría de la Iglesia, que al mismo tiempo es maestra y educadora en la fe, es Dios mismo.
La revelación que Dios ha querido tener para el hombre ha sido depositada en manos de la Iglesia. En la Constitución Dogmática Dei Verbum, en el número 2, cuando habla de la revelación, la revelación no fue dirigida a un personaje nada más en concreto y aislado.
La revelación va dirigida a toda la comunidad humana, porque el deseo de Dios, dice ahí en la segunda carta del apóstol San Pablo a Timoteo, “el deseo de Dios es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”.
La salvación y la verdad van de la mano. La salvación es un don gratuito que Dios nos otorga, principalmente en la persona de su Hijo, el Verbo Encarnado, que por nosotros murió, resucitó y está glorificado a la derecha del Padre, y que así como lo hacemos en los curso básicos de iniciación cristiana, lo hemos confesado como el único Salvador, Señor y Mesías para gloria del Padre.
La salvación es un don de Dios, pero a la par de la salvación también está la verdad, y el hombre puede elevarse a la contemplación de la verdad.
Es más, la búsqueda de la verdad es el deseo impreso por Dios en el corazón del hombre para toda su vida y en todos los momentos de su vida.
Nosotros buscamos siempre la verdad, en cualquier momento.
Por ejemplo, cuando dos de nuestros hijos llegan a discutir entre ellos: “es que él me quitó mi chamarra, no es que él fue el que me pegó primero, no es que él me sacó la lengua”… y no, lo primero que le dice un papá a los hijos es, a ver, díganme una cosa, pregunto ¿que cosa?: díganme la verdad. Si me dicen la verdad, no los voy a reprender, pero si no me dicen la verdad… la verdad la usamos para condicionar un castigo, queremos saber la verdad. Y también así como ellos, queremos saber la verdad de todo.
¿Cómo es que realmente se hacen los chiles en Nogada? ¿Cuál es la verdadera receta? Queremos saberlo, ¿verdad? Y del autentico pozole, porque hay mucho misticismo alrededor de ellos, con la técnica de preparación.
Siempre estamos en búsqueda de la verdad, y por eso nosotros, para no caer en errores, tenemos que entender siempre la búsqueda de la verdad. Y me parece que un primer texto que nos va a servir de marco de referencia para este tema y para el otro, es el que está allí en la carta encíclica que ya mencioné, en la fe y razón, en el número uno.
Fé y Razón
Fe y razón número uno. ¿Qué nos dice en ese numerito? El Papa Papa Juan Pablo II, de una manera poética, nos decía, la fe y la razón son como las dos alas con las que el espíritu del hombre se eleva a la contemplación de la verdad.
La fe y la razón es el conocimiento que todo cristiano católico, que va a formar a otros o para su propia vivencia cristina, debe conocer. No puede ser solamente un conocimiento desde la vivencia de la fe, y me refiero a una vivencia sin formación, porque puede caer también en errores.
En el siguiente post señalaremos algunos de esos errores, incluyendo el fanatismo, por ejemplo: una fe irracional.
Pero tampoco puede ser la contemplación de la verdad, el ejercicio intelectual de una persona. Por muy sabios los que seamos, por muy inteligentes que seamos, somos limitados. Y en la humildad de nuestra concepción como seres humanos, debemos reconocer primeramente ello, que somos limitados. Y que por lo tanto necesitamos de la gracia divina para elevarnos a un conocimiento de orden superior, es decir, al conocimiento de Dios.
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