Tratando de entender el magisterio de la Iglesia continuamos con el Documento Fé y Razón.
La palabra conocimiento, debemos entenderla primeramente en el sentido en el que primeramente apareció la palabra conocer. Conocer no es tanto de índole griega, o de índole filosófico.
El conocimiento surge primeramente como una intuición del corazón, que le lleva al arrobamiento del amor. La palabra conocer surge en el ambiente semítico, es decir, en el ambiente hebreo.
En la mentalidad oriental, donde conocer equivale a intimar, donde conocer equivale a amar, donde conocer entrara en una profunda relación personal con el otro.
Vamos, por ejemplo, a tomar un texto de la Sagrada Escritura, ahí en el libro del Génesis, cuando Abraham, preocupado porque su hijo Isaac se case, le manda a buscar novia, y manda a uno de sus fieles servidores a buscarle novia, y este hombre, Eliezer, encuentra a una muchacha de buen ver, y además de la parentela, es decir, consanguínea de Isaac, y le habla de Isaac de tal manera que la enamora de Isaac, y la lleva ante él, la traslada de un lugar a otro, y cuando ella ve a Isaac a lo lejos, dice ahí la escritura, que pues le pareció bien, le cayó bien, diríamos en nuestros términos que se enamoró perdidamente de él.
Y luego dice que cuando él, la vio a ella, a Rebeca, dice la escritura que se prendo de ella, completamente enamorado. Y luego dice, y la conoció y ella quedó en cinta.

¿Qué está diciendo la Biblia con la palabra conocer? Que se unió a ella de una manera tan íntima que engendraron a dos hijos, a Esaú, y a Jacob.
Es decir, la palabra conocer es una palabra muy profunda, se trata de intimar, no es un conocimiento como nosotros lo tenemos definido intelectualmente o un conocimiento superficial
Cuando nos llegamos a ver entre nosotros y nos pregunta alguien: oye, ¿quién es? Ah, pues lo conozco porque en el curso estuvimos juntos. ¿Qué estamos diciendo? ¿Que intimamos? No, estamos diciendo: que ya su figura, su porte, ya lo tenemos familiarizado con nosotros. ya en nuestra memoria está grabada su imagen, su rostro, sus palabras, su voz y tal vez hasta el modito de andar.
Por eso decimos lo, lo conozco. Tanto que hasta si lo veo caminando a distancia digo es, es él, sin temor a equivocarnos. Pero ahí es un conocimiento superficial, es tal vez el inicio del conocimiento.
Por eso es importante que nosotros tengamos en cuenta que en el plan teológico la palabra conocimiento equivale más bien a entendimiento.
Entender ¿Qué?. En el lenguaje bíblico entender es entrar en la tienda de otro, entrar a su privacidad.
Cuando el pueblo vivía en tiendas, cuando atravesó el desierto, la única manera de poder hablar con Dios era entrando a la tienda del encuentro para hablar con él. Y normalmente quien entraba a la tienda del encuentro era Moisés.
Para poder comprender, vamos a poner aquí otro sinónimo, la voluntad de Dios, aunque no la conocía, sí la comprendía, y sabía que era Dios y no se equivocaba.
Algo muy parecido con respecto al discernimiento, tal vez en el discernimiento yo no conozco en plenitud, pero sí comprendo y entiendo hacia dónde tengo que moverme o caminar. Tal vez no sé hacia dónde me va a llevar toda esta carretera en la que voy, más sí veo unas flechitas que me están diciendo que voy en el sentido correcto.
El entendimiento entonces es ir en el sentido correcto. A Dios nunca lo vamos a conocer. Y no es de una religión de lo que les estoy hablando, pero sí es estar subrayando nuestra limitación humana.
Es más lo que no conocemos de Dios, es más, que lo que podríamos conocer de él. Sin embargo, hay tres maneras de conocer a Dios, o de entender a Dios, o de comprender a Dios.
Tres maneras de conocer a Dios
Y esas tres maneras son:
a) en los signos de la creación.
Porque es a través de la creación donde nuevamente nos encontramos con el Creador. Siempre sin olvidar que es Él, el que creó todo lo que vemos, y que la creación por muy bella, por muy hermosa, por muy perfecta que sea, no es Dios, pero me acerca mucho a Dios.
La creación entonces es un primer momento de entendimiento, o de conocimiento, o de comprender que Dios existe. A Dios lo podemos conocer, o comprender, o entender, primeramente a través de sus obras.
El apóstol San Pablo, cuando se dirige a los romanos en el capítulo 1, versículo 19 y 20, les habla precisamente de ese conocimiento natural de Dios. Y él les dice desde el versículo 19 para tener el contexto. “Pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto”.
Está hablando de aquellos que se dedican al estudio de la naturaleza o de la contemplación de la naturaleza. Dios se lo manifestó porque lo invisible de Dios desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de sus obras.
¿Cuáles son las obras de Dios?¿Cuál es el primer punto que deberíamos descubrir cuando nos vemos a nosotros? ¿Cuál es la primera cosa cuando nos vemos al espejo?.
¡Ay, Dios mío! ¡Qué susto! Pero lo primero que deberíamos descubrir cuando nos vemos nosotros al espejo en la mañana es la presencia de Dios. Es Dios que nos habla a través de nosotros mismos y que nos dice, aquí estoy y que nos dice, estoy contigo. Por eso conocemos primeramente a Dios a través de sus obras.
Al salir de la ciudad y volver a darnos cuenta que existe el prado, el césped, que existe la hierba y todo lo demás, rompe con nuestra rutina de pavimento, de postes, de banquetas y de calles, ¿verdad?.
Y eso hace que contemplemos tal vez de una manera más cercana la presencia de Dios en nuestras vidas. Sin embargo, este conocimiento de Dios a través de las obras es limitado. El hombre puede quedarse y esclavizarse a las obras pensando que son el Creador.
Volviendo a la historia, recordemos como todas las religiones naturales iban precisamente en esa dirección, reconociendo a las obras como si fuesen Dios. Si analizamos un poquito nuestra historia, ¿se adoraba al sol? ¿A la luna? ¿Al viento?, la tierra, la lluvia, el dios de la lluvia, la tierra, etc. ¿Por qué? Porque había una mentalidad buscadora de Dios y que lo había encontrado a través de la creación, pero se quedó estacionada en la creación.
Y todavía en nuestros días podemos encontrar esa misma mentalidad, cuando el hombre considera que los bienes materiales son su Dios, se queda estacionado en esa misma mentalidad, reconociendo a las obras como si fuesen Dios.
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